Tabernas de gilda y vermú

La caña bien “tirá”, una gilda y su encurtido, el pichi en la puerta y el codo en la barra. Así nos gusta disfrutar de nuestras tascas, las castizas y centenarias y así, con la gorra y el clavel, hemos ido a tomar el aperitivo a tres de las tabernas más antiguas de Madrid que perviven a las modas y la gentrificación a base de buen ambiente, tradición y vermú de grifo.

Acompañadnos en este viaje al “Madrí” más castizo a través de tres de sus tabernas más clásicas. No son todas, pero son algunas de nuestras favoritas:

La casa de las torrijas

Calle Paz 4. 

Es un establecimiento más que centenario fundado en 1907 por Luis Montón (oriundo de Tomelloso). Tras estar cerrado por un tiempo, retomó actividad en 2017 manteniendo su aspecto tradicional castizo y la receta de sus famosas torrijas. 

A destacar la maravilla de azulejos que revisten sus paredes, aunque nosotras preferimos acomodarnos en una de las mesas altas con taburetes de madera que colocan en la miniacera para tomar el aperitivo.

Como su nombre indica la especialidad son las torrijas, gordas, rebosantes, jugosas y riquísimas. Dignas de disfrutar durante todo el año, aunque no seáis un super aficionados al dulce es algo que se aprecia a simple vista, solo mirarlas da gusto. Las tienen de vino o de leche, nosotras pedimos una de las segundas para probar y nos encantó. Pero antes, con la cañita o vermú (ahí de lo que cada una sea), recomendamos una gilda y un pincho de tortilla. Como la torrija, la tortilla es hermosa y reventona, está buenísima y con un pincho casi te puedes dar por comido. La gilda combina aceituna, anchoa y piparra. Aunque nos despreciamos los pinchos que incluyen otras posibilidades como boquerones en vinagre, tomate seco o queso, la combinación clásica para para nosotras es la combinación preferida.

En esta ocasión solo tomamos aperitivo, pero en esta taberna tenéis una extensa carta de raciones (garbanzos con callos, torreznos, bacalao rebozado) que tienen una pinta estupenda. 

Precios: vermú + gilda: 3,50€, torrijas 

Casa Camacho

Calle San Andrés 4.

Quizás la tasca más famosa del barrio de Malasaña, cumple todos los requisitos imprescindibles para estar en este post: local casi centenario (fue inaugurada en 1929) todavía reviste sus paredes con esa maravilla de azulejos, vermú de barricas y carta donde lo fundamental son los encurtidos y conservas de calidad. El establecimiento está regentado desde los 80 por unos hermanos de Sanabria, que tras esos chalecos granates atienden sobrio pero correcto haciendo gala de una estoicismo y profesionalidad impepinable para estar detrás de una barra de tasca tantos años. Las paredes decoradas con proverbios populares, carteles con la oferta gastronómica, fotografías de juventud de los hermanos y el local y barriles de madera y botellas. 

Fachada de Casa Camacho

Es famosa por los yayos, un cóctel casero a base de casera, ginebra y vermú seco. Por supuesto también te puede pedir una caña al estilo madrileño impecablemente tirada o un vermú solo o con sifón. 

Nosotras pedimos además de la caña y el vermú de rigor, unos pepinillos rellenos de anchoa y boquerón de vinagre, unas berenjenas de Almagro y una ración de empanada (esta última no era nada espectacular, aunque se dejaba pasar). Total de la cuenta: 16,80 €. 

Recomendamos aperitivo entre semana para aquellos afortunados que se lo puedan permitir, los fines de semana es una locura y la gente se hacina en el estrecho local. Gastronómicamente no nos parece de las mejores, pero se agradece su ambiente auténtico en un barrio en el que ya no quedan muchas de estas opciones.

Taberna Antonio Sánchez

Calle Mesón de Paredes, 13.

Este establecimiento puede ser calificado de joya histórica, siendo el más antiguo de Madrid. Data de 1789 y como os podéis imaginar tiene una extensa historia. Para conocerla contada de primera mano os recomendamos este vídeo de nuestros amigos de Antiguos Cafés de Madrid.

Aunque el local mantiene su apariencia antigua con multitud de detalles curiosos: la barra de caoba tallada, el grifo de cerveza coronado con una sirenita, sus barricas de vino de misa, sus pinturas en las paredes y las tinajas de la planta de abajo, se han reciclado en lo gastronómico. Ofrecen una carta con comida tradicional española, pero sin descuidar la cocina mediterránea algo más vanguardista que incluye los sabores de la cocina moderna.

Nosotras decidimos arriesgar y probar un gazpacho de cereza, que resultó estar buenísimo y unos torreznos, sabrosos y crujientes. De postre no podéis dejar de tomar su famosa torrija «Antonio Sánchez» con una costra de caramelo y cubierta de helado de turrón.

Bonus extra: Restaurante Lhardy

Carrera de San Jerónimo 8.

Como es tan duro ir de taberna en taberna y si necesitáis un un descanso que os caliente y entone el cuerpo, nada mejor que un buen consomé casero bien sabroso y unas croquetas de cocido en el Lhardy.

El Lhardy obviamente no entra en la categoría de taberna o tasca como el resto de establecimientos resañados pero sí es un local centenario de Madrid que sigue manteniendo muchas de las tradiciones por las que se conocía en su momento.

Con la llegada del buen tiempo, dan ganas de salir a tomar el aperitivo y disfrutar de la ciudad. Esperamos que os hayan gustado nuestras recomendaciones y que compartáis con nosotras vuestras experiencias en esta joyas de Madrid. 

¡Buen vermú!

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