Bosco de Lobos, el sitio perfecto para una cita romántica. 

Hay restaurantes en Madrid por los que uno pasa todos los días. Los miras, te llaman la atención y los apuntas en tu lista de “lugares a los que ir”… pero a la hora de pensar en un sitio para cenar, no los recuerdas. Esto es lo que nos ha pasado con Bosco de Lobos, un local en un lugar privilegiado, con un ambiente muy tranquilo y cuidado en el centro de la ciudad, que siempre ha estado en nuestra lista de lugares que probar, pero no se había dado la ocasión… hasta ahora. 

En una ajardinada plaza, entre el Colegio Oficial de Arquitectos (COAM) y el Centro Deportivo Municipal Escuelas de San Antón, Bosco de Lobos es un establecimiento que llama la atención por su agradable terraza y sus dos ambientes de comedor. Cuenta con una estética bien cuidada, con unas curiosas estanterías llenas de libros de arquitectura y unas coquetas mesas, iluminadas por una mezcla de lámparas de diseño y flexos, que lo mismo dan ganas de cenar románticamente o preparar una oposición mientras te comes una pizza de leña. 

El restaurante es un italiano con un menú de una hoja (cosa que se agradece), pero con unas opciones bastante interesantes. Una de sus especialidades es la pizza al horno de leña, pero tras el frenesí de las fiestas (y ya que todo el mundo suele recomendar esta opción) decidimos lanzarnos a otros platos que nos parecieron más apetitosos. Para abrir boca consideremos pedir una tabla de quesos y embutidos italianos, pero empezamos a tener nuestros más y sus menos con este plato que siempre se coge con mucho entusiasmo, se olvida en cuanto aparece cualquier otra opción, se intenta salvar picando durante el postre, se termina pidiendo para llevar y acaba formando parte de un triste bocadillo dos días más tarde… (¿Sólo nos pasa a nosotros?) Volvemos al tema. Descartada esta opción, para picar pedimos unos calamares fritos con mahonesa de albahaca (12 €), que pasaron un poco desapercibidos (estaban buenos pero no eran para tirar cohetes y la ración un poco escasa), y un carpaccio de ternera rúcula y salsa cipriani (16 €) que, literalmente, devoramos. El carpaccio estaba delicioso y venía con unas escamas de un riquísimo parmesano que aprovechamos hasta que el plato quedó limpio. Continuamos la velada con un parpadelle al ragú de carrilleras (17 €), al que no hubo un solo pero que poner y cerramos la degustación de platos principales con un risotto con salsiccia, azafrán y trufa negra (19 €) que, sin duda, fue el mejor plato con diferencia. Buena textura, gran sabor y gran acierto el colocar pequeños trozos de salsiccia en el conjunto.


Todos los platos los pedimos para compartir, aconsejados por nuestro amable camarero (quien estuvo muy atento y agradable en todo momento), y la verdad es que fue la cantidad perfecta… si no fuese porque nos debemos a nuestro público y hay que probar LOS POSTRES.

Al entrar en Bosco de Lobos, además de en su gran barra y su horno de leña, nuestros ojos se posaron en una tarta de zanahoria que nos decía “cómeme” con las almendras. Pero como somos un poco sibaritas, y estábamos de celebración, nos vinimos arriba y ademas, pedimos el lingote de pistacho con crema diplomática. Consistía en una suerte de bizcocho con forma de lingote (como su nombre adelanta), coronada por una interesante crema diplomática (crema pastelera mezclada con crema chantillí – datazo repostero), y culminado con trocitos de pistacho. Muy rico, muy cremoso y un gran punto final para un menú muy italiano… que nos “cargamos” pidiéndonos la tarta de zanahoria, que estaba como nos imaginamos, pero que obviamente rompía la temática del día (aún así no nos arrepentimos).

Bosco de Lobos es uno de los dos restaurantes que el Grupo Tragaluz tiene en Madrid, tras Ana La Santa en el hotel ME Santa Ana, pero sin duda es el que mejor localización tiene gracias al recogido jardín de la COAM. En términos generales la cena fue correcta, en un lugar muy agradable y de gran estética y con un servicio muy majo y atento. El precio para dos, tras regarla con un vino Pituco, 103 € exactos. Conclusión: si queréis impresionar a un/una churri, comer bien, y pasar un rato agradable en un ambiente íntimo y confortable, esta es una buena opción.

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